Escriben mujeres: Macedonio Fernández, Jorge Luis Borges

Comentario del Seminario de Enrique Acuña. Las escrituras del goce femenino  -Psicoanálisis y literatura-

Por Germán Scwhindt

En su clase del 2 de diciembre, Enrique Acuña invitó a la participación de Iván Pelitti a efectos que comentara el libro de Estela Canto Borges a contraluz.

Tanto con esta referencia como con otras múltiples situadas en la bibliografía del presente texto, el hilo argumental consistió en situar los  diferentes modos en que tanto Borges –no solo el contado por Canto- y  Macedonio Fernández, construyeron una solución literaria efectivamente publicada y otra hipotetizada en sus vidas, respecto a lo que el psicoanálisis denomina la no proporción sexual, la distancia entre mujeres y hombres en tanto existencias  sexuadas. Ante estos sitúo tres respuestas, el fantasma, el síntoma y el intento de significación absoluta.

Una diferencia importante a discernir, ya situada en extenso en las primeras clases de este año del presente Seminario, es la distinción entre la relación de imposibilidad lógica de cada quien con su sexo –como un real imposible de representar en su totalidad-, y las eróticas que implican discursos que se construyen sobre esos (…).

Así la técnica aplicada en la dedicada distancia y espera -por medio de un texto y un amor cortés a Estela Canto- es para el caso del Aleph que Borges cuenta una sustitución. Este escribir un objeto “semi-mágico” el Aleph –e inclusive el regalo a esta del original del cuento- apuntan: el primero a lo femenino, el segundo a una mujer en particular, interesa aquí más que la trama de la anécdota del destino del regalo, lo que la ficción aproxima como: “un lugar donde estarían todos los lugares”.

No en literatura sino en la neurosis, el neurótico cuenta al hablar de su síntoma -en un psicoanálisis- de cómo fingiendo un particular tipo de ser, el “ser el obstáculo” de la relación, vela para sí la imposibilidad de la relación al real del sexo.

Por otro lado, Macedonio Fernández por su parte, tanto con el Museo de la novela de la Eterna como con Manera de una psique sin cuerpo plasma no ya la distancia y la espera, sino la creación de un significante inequívoco, Elena Bellamuerte, con el que conmemora y reviste una ausencia real, la de Elena quien fuera su mujer. La firme y endeble negativa a tal ausencia, toca así también el cuerpo, su cuerpo, en tanto locus “donde se presentifica la muerte”.

Estos dos artificios literarios dan cuenta así de modos muy distintos, pese a la proximidad de la influencia de uno sobre el otro, de respuestas a un punto común, la imposibilidad de la unión de los márgenes de los seres sexuados- hablantes. Bordes en que la complementariedad vaga en el amor, bordes ignorados en los que subyacen los distintos goces y sobre los que salta caprichosamente el deseo.

Estela Canto escribiendo sobre Borges, este escribiendo para ella y su más allá; Macedonio en el escribir buscando reeditar una sonrisa, en la Elena que no está, testimonian de como algunas veces, letras muestran e in-visten un manto de ausencia.

 

Bibliografía:

– Acuña, Enrique: “Borges y la extimidad en El Aleph” en Resonancia y silencio -Psicoanálisis y otras poéticas-. Edulp, La Plata, 2009. http://www.aplp.org.ar/Libros%20en%20pdf/RyS-EA.pdf

– AA.VV. Revista Conceptual –estudios de psicoanálisis-  número 18. Ediciones El Ruiseñor del Plata. La Plata. 2017.

– Borges, Jorge Luis: Obra Poética. Empecé, Buenos Aires, 2007.

– Borges, Jorge Luis: El Aleph. Alianza, Buenos Aires, 1997.

– Canto, Estela. Borges a contraluz. Espasa, Buenos Aires, 1999.

– Germán García. Hablan de Macedonio Fernández. Carlos Pérez Editor. Buenos Aires. 1969.

– Lacan, Jacques: El seminario, libro 20, Aun. Paidós, Buenos Aires, 2011.

– Macedonio Fernández Textos selectos. Corregidor. Buenos Aires. 1999

– Miller, Jacques-Alain. El partenaire-síntoma. Paidós, Buenos Aires, 2016.

– Musachi, Graciela (compiladora). Georgie y yo. Editores Contemporáneos, Buenos Aires, 2005.

Anuncios

Escrituras del inconsciente

Comentario del Seminario “Las escrituras del goce femenino -Psicoanálisis y literatura-” – Por Gabriela Terré

A partir de la literatura, tomando algunos nombres propios y sus estilos de escritura, Enrique Acuña va a situar qué enseña la literatura al psicoanálisis, en la medida que se anticipa a los procedimientos de escritura del inconsciente. Ubica a Joyce, con la utilización de su método, término que se refiere a la invención, diferente conceptualmente de la creación: la invención se produce a partir de elementos que pre existen, un reordenamiento de piezas en una nueva combinatoria. La creación es más sublime, ex-nihilo, opera con lo real, surge de la nada. La hipótesis planteada es si el procedimiento literario podría considerarse homólogo al procedimiento del inconsciente.

En su enseñanza, Lacan define el amor siempre en articulación a la falta, la castración. En “Ideas directrices para un Congreso sobre sexualidad femenina” planteará el amor entre mujeres. Por ejemplo, en el caso de la joven homosexual, explica Acuña, los tres momentos del caso corresponden a la respuesta del sujeto: decepción, desafío y denegación. Lacan sitúa la identificación viril en la histeria, donde no se trata de una perversión. Acuña señala además la cuestión de la carta de almor, juego de palabras entre alma y amor. La referencia a Aristóteles muestra que el alma no está alojada en el yo, está articulada al propio inconsciente; en ese sentido se envía a sí misma y siempre llega a destino, mientras permanece en souffrance (sufrimiento y espera).

En esta ocasión los invitados, Milena Nucciarone y Sebastián Ferrante, en sus intervenciones se refirieron a Silvina Ocampo y Alejandra Pizarnik respectivamente, interpretando de qué manera los detalles de singularidad de sus vidas inciden en sus estilos de escritura.
En el caso de M. Nucciarone, con respecto a Silvina Ocampo, menciona que vivió entre los años 1903-1994, perteneciente a una familia aristocrática y tradicional, su estilo y su temática son un tanto transgresora, separándose del linaje familiar, en especial de su hermana mayor Victoria Ocampo, más exquisita y formal, alineada a los cánones sociales y aceptados por sus precursores europeos. Los títulos están en consonancia con las  expresiones literarias que utiliza, las paradojas, el oxímoron: Los días y las noches, Lo amargo por dulce y Los que aman odian. Utiliza el humor basado en la  ironía, junto a la temática de la mujer a quien presenta como una figura fuera del centro de la escena, más desde un lugar inadvertido, en los bordes, que luego va a transformar en modelo. Su obra está más inclinada a la narrativa que a la poesía.

Sebastián Ferrante toma la correspondencia entre Alejandra Pizarnik y su primer analista, León Ostrov, situando que su obra se apoyaba en el surrealismo, con algunos matices de neo-romanticismo de tono triste y melancólico, creando un clima de idealización de la imagen del poeta contextualizado en los rasgos de la época, donde vida –poesía buscan fusionarse. Explica cuáles fueron las motivaciones que la llevaron a sus 18 años a consultar a un analista: síntomas ligados a su dificultad en la oralidad, asma, timidez extrema, dolencias en la garganta, tartamudez.

Enrique Acuña en su artículo “Configuraciones poéticas para una melancolía. De Lautreamont a Pizarnik” conjetura que en la tartamudez la voz como real comienza a perturbar su cuerpo, efecto sintomático como obstáculo a la oralidad, pero no a la escritura.
Se trata del testimonio de una locura -no una psicosis- al mencionar que sus últimos poemas fueron verdaderos

“Me preparo, me dirijo, me consumo y me destruyo, es mi fin”.

En otro pasaje: “¿Quién hablará del amor? …No yo. Yo amo”.

Diferencia entre el discurso amoroso y lo que implica la carta de amor y el vivir el amor. Ubica el amor como inexistente en su condición de fantasma que la lleva a amar concretamente. Ella crea el personaje, lo manipula hasta un límite donde deja de ser una metáfora y hace su reificación en el empuje al que la ética surrealista conduce: la fusión poema-vida. La materialización del poema-grafía, fusión del cuerpo del poema con mi cuerpo.

Citando a Cristina Piña, esa fusión vida-obra y la apuesta radical de los malditos tiene estragos bien definidos –“absolutización de la práctica poética como vía de acceso al conocimiento, emprender una ascesis invertida que pone en juego las experiencias límites del yo-locura, suicidio, muerte-en las que el recurso a las drogas alcohol, a la trasgresión de los códigos sexuales, sociales y productivos cumple un rol fundamental. Alejandra interpreta un personaje. El mundo literario de la época festejaba ese personaje de enfant terrible”. En enero de 1967 muere su padre, un hecho que marcó su vida. En su Diario escribe: “Muerte interminable, olvido del lenguaje y pérdida de imágenes. Como me gustaría estar lejos de la locura y de la muerte (…). La muerte de mi padre hizo mi muerte más real”. Se quita la vida a sus 36 años el 25 de septiembre de 1972.

Criatura en plegaria rabia contra niebla, escrito en el crepúsculo contra la opacidad, no quiero ir nada más que hasta el fondo, oh vida, oh lenguaje, oh Isidore.

Estos fueron los últimos versos encontrados en su recamara. La partida de Silvina Ocampo, que no atiende sus llamadas precipita un final. La posición de desecho del sujeto en su ceder ante el deseo es encarnada, y Alejandra Pizarnik, decide por el horizonte de la cobardía heroica, la muerte.

Para concluir, Acuña sitúa la identificación a la escritura: se puede realizar lo que se escribe; hay un segundo paso que no es lo imaginario lo que ella plantea, es un más allá que hay en la escritura. La escritura puede ser terapéutica cuando hay sentido, pero más allá del sentido aparece la pulsión de muerte como un plus, hay una identificación a ese real en tanto indecible.

¿Qué es la poesía? Alejandra respondería: soy yo, muerta .Ya no tiene efecto terapéutico. Subraya la doble función del escrito: por un lado la identificación a lo imaginario en relación al sentido, y por otro lado el empuje a un real indecible que ella intenta captar y no puede. Ese podría ser el empuje al suicidio. Lo último que Alejandra escribe es Oh Isidore… aludiendo al Conde de Lautreamont. Es decir, el empuje a la muerte.

Sobre mujeres y niños: Aurora y Eva

Por Sebastián Ferrante

Dice Aurora Venturini, citada por Enrique Acuña: “Si hubiera alguna inexactitud histórica, pido disculpas al paciente lector, porque no soy especializada en la materia sino novelista deseosa de salvar el recuerdo de La Abanderada de los Humildes. (…) La ciencia histórica deberán ejercerla los historiadores y yo soy una escritora que aunque requiera del apoyo de algo acaecido en la realidad, crea fantasiosamente”.

Tal como Freud afirma en “El poeta y el fantaseo”, la fantasía puede tener más valor que la realidad fáctica, los documentos y los acontecimientos históricos. Advertidos de las controversias que ello pueda ocasionar con los documentalistas e historiadores, se trata para nosotros -es la propuesta de enseñanza de Acuña- de captar la función que tiene la literatura en el tratamiento de lo real. En tal sentido, afirma que en AV, de modo análogo a Joyce, la ficción literaria toca lo real y lo transforma, volviendo sus efectos tan eficaces como en el psicoanálisis, en la medida en que cada quien se transforma por su escritura –claro está, hablamos de escrituras de goce-.

El acto de novelar una biografía conlleva la puesta en juego del deseo del escritor, que también porta una dimensión política por el hecho de que contar la vida de alguien implica la apropiación de un nombre propio, acto que puede despertar sensibilidades de sujetos interesados. AV lo hace, por ejemplo, con Bela Szekely en Nanina, Justina y el Doctor Rorschach, pero también con Evita en la biografía novelada Eva. Alfa y Omega.

Sin embargo, nuestro interés de leer a AV en el marco del Seminario “Las escrituras del goce femenino” radica además, y sobre todo, en el aporte que esta autora hizo desde su obra al esclarecimiento de la escritura del goce femenino, que es tema de investigación del año en curso.

En la clase del 4 de noviembre Ana Gutiérrez fue invitada para recorrer parte de la obra de AV y ver de qué manera esta autora despliega y problematiza el tema. Fundamentalmente, Gutiérrez remarcó que hay dos interrogantes que sobrevuelan sus textos: primeramente sitúa ¿Qué es una mujer?, cuyo intento de respuesta inevitablemente recae en la enumeración de una serie de atributos –en este caso extraídos de sus escritos: “deforme”, “débil mental”, “prostituta”, “loca”, “justiciera”, “ángel”, “demonio”… “maldita”. Diferente es el otro interrogante, ¿Qué es la maternidad?, que remite al texto de AV sobre Eva Perón, dado que es allí donde se despliega el aporte más significativo.

Con relación a ello, Acuña toma como punto de partida el siguiente axioma:

Niño/madre
Mujer/Falo (x)

Siguiendo a Miller, ubicó la castración en el lugar de la causa. Ante esa falta, la maternidad de plantea como una salida fálica. Pero existe la posibilidad de que eso colme, en el sentido de que no hay necesariedad en el hecho de que una mujer se realice como tal teniendo hijos. Dado que el falo representa una “x” -no indica algo en particular-, se trata en todo caso de explorar en qué momento y bajo qué condición lo que se plantea como un principio necesario (madre/niño equivale a que “para una madre el niño es necesario”), pasa a ser contingente (mujer/ “x”, para una mujer un hijo, o cualquier otra cosa, puede ser deseable).

Retomando “La significación del falo”, Acuña problematiza lo siguiente: la necesidad se liga a la satisfacción y la demanda tiene que ver con el amor; para satisfacerse, la necesidad se disfraza de demanda de amor; y el deseo, insatisfecho o imposible, surge de la diferencia entre ambas. Esa diferencia es la castración.

La pregunta que surge es pues con qué artificio ha procurado Evita hacerse de un suplemento -ello a partir del relato que hace Aurora-. En otras palabras, se trata de verificar qué puso esta mujer -no madre- en el lugar del niño, recordando que para Lacan el partenaire puede ser cualquier cosa que uno invente, que dé al sujeto las condiciones amor, deseo y goce. Acuña remite a su texto “El paso del Daimon –mujeres en Aurora Venturini-” (Véase: http://analyticadelsur.com.ar/el-paso-del-daimon-mujeres-en-aurora-venturini/), donde formula su hipótesis, concordante con el axioma citado antes: habría una construcción de la pareja mujer/niño que no pasa por el deber maternal. Allí Afirma que AV pondera la dupla que Eva trazó con su Fundación: no se trata de una dupla madre/hijo, sino de un “goce vivificante, más allá de la falta”. En ese “más allá de la falta” está lo suplementario.

Interesa, y esto es clave, que es el relato de Aurora sobre Eva lo que está en juego. Hay una mención a “El monólogo interior de Eva” donde la autora piensa por el personaje, y por identificación, la historia de Eva se entremezcla con la propia: por ejemplo, la fundación Eva Perón es para Aurora el Instituto de Menores de La Plata. Otro rasgo de identificación es a partir de la injuria.

“(…) los hijos me vinieron de afuera, son extraños a mi naturaleza campesina. Loca de pasión por salvar al enfermo, cautivar el ánimo de los ancianos para que no decaigan, gasté mis energías. Células criminales me invaden”. No se trata de la maternidad (madre-niño) como punto resolutivo, concluye Acuña, sino del par mujer-niño que permite a la mujer seguir siendo deseante, castrada y sufriente. Para Eva la suplencia fue su acción política y para Aurora la ficción literaria.

El seminario continúa el 18 de Noviembre.

El misterio, el silencio y lo indecible

Comentario de la clase del 14 de octubre de 2017 del Seminario “Las escrituras del goce femenino – Psicoanálisis y Literatura”. Por Daniela Ward

 

En el último encuentro del seminario de Enrique Acuña, la mañana del sábado 14 de octubre, se diseñaron líneas posibles que pueden llevar a cada quien a conmoverse con el psicoanálisis, en una interpelación a la sensibilidad de una pragmática que exige la salida de la comodidad de la repetición adormecedora para transitar el despertar de los efectos que la misma impone a quien decide dejarse sorprender por ella.

En un vaivén de la globalización a la localización, transitamos el paso de las lecturas de las referencias lacanianas a los místicos europeos a la cosmología Mbya-guaraní. Nos embarcamos en la continuidad de nuestra hipótesis de trabajo que concibe escrituras del goce que no son solamente literarias –lo decía Germán Schwindt en su comentario para el Blog al que los reenvío-, sino que se detecta por los restos. Es decir que, paradójicamente, la escritura no es el texto sino que la letra puede ser un desecho, una basura. Por ello, siguiendo lo que se viene desarrollando en el seminario, se subrayó la operación lacaniana donde la escritura no es texto sino la letra del inconsciente en tanto resto. Así la escritura de los místicos tiene su costado de testimonio -lo simbólico, que supone una cadena de letras-, y además, la cadena como signo de goce que es muda y no está escrito en el texto.

Con la referencia al comentario del libro Cosmología y naturaleza Mbya Guaraní de Marilyn Cebolla Badie que realicé para Analytica del Sur del mes de julio de este año, con el título “La selva desclasificada”, se retomó la lectura crítica de la tesis de la antropóloga misionera, detallando que en el punto en que está descubriendo lo místico adelanta su respuesta haciendo una clasificación. La hipótesis compartida es la intolerancia ante lo inquietante de tal descubrimiento convirtiéndose, en ese sentido, en lévistraussiana. Como lo puntuó Enrique Acuña, cito textual: “Va al pensamiento salvaje y dice: somos científicos, clasifiquemos! Como positivista que es, para la autora la cosmología no mantiene su misterio  sino que tiene que ir al lado de una naturaleza clasificable”. De ahí su etnobiología, o sea la etnicidad que relaciona con los animales y los clasifica dando “el buen nombre a las cosas”, perdiendo de vista la eficacia simbólica de la religión, como efectivamente se refiere Levi-Strauss. El etnólogo francés va a tener otra desviación: como racionalista –esta es la crítica que le hace Lacan en “La ciencia y la verdad”-, va a terminar planteando el problema del mito y del mitema, como fue recordado en esta reunión remarcando el ideal científico en juego.

El pasaje detallado por el trabajo de campo de Marilyn Cebolla Badie en comunidades que A.A.Gua (Asociación de Amigo de los Guaraníes), tiene un compromiso de más de diez años de acompañamiento; la referencia a León Cadogan y el Ayvú Rapyta –textos míticos de los Mbya-Guaraní del Guayrá, al que se considera la biblia para el estudio e interpretación de los pueblos Mbya-Guaraní, entre otras cosas, formaron parte de la ilustración de este encuentro.

Retomando una frase que por repetida no deja de tener consecuencias, “el problema se plantea cuando algo no es objetivable ni cuantificable”, permite situar lo que esta autora expresa, ya que, frente al misterio y a lo inquietante que le resulta lo religioso, retorna a una clasificación como modo de llenar ese agujero que queda en el silencio.

¿Cuál es el silencio en el sistema religioso y que función tiene? La respuesta empieza a dibujarse a partir del Ñemongaraí, es decir el bautismo Mbya, donde se ‘da asiento al alma’, con la posibilidad del Opyguá, en una relación directa con Dios, de escuchar las ‘palabras almas’ que dan los nombres. Recibir el nombre es recibir el ser ya que se trata de una ontología que se desprende de la religión: hay un ser unido a la función del nombre que está ligado a lo sagrado, o sea al sistema religioso.

En la dificultad de entender lo político ligado a lo religioso (1) profundizamos en el tema atendiendo a que si es un sistema religioso significa que no funciona solo la sugestión -como en la magia-, sino que se trata de que ‘Dios es inconsciente’. O sea, opera la creencia en un Dios, la fe que alguien tenga en ese Otro -que en este caso es ÑandeRu-, y esa creencia funciona como si fuera el inconsciente. De modo que el sistema religioso es más potente que la medicina. Asimismo el chamán –Opyguá-, cura también por la palabra.

¿Cómo está operando el sistema religioso? ¿En base a qué se construye el silencio? León Cadogan escucha la revelación de todo un lenguaje sagrado desconocido hasta el momento y es el silencio lo que cuenta en lo sagrado. Como bien fue expresado en esta reunión, lo sagrado tiene que tener algo de lo indecible, que no es sólo el secreto (2). Existe un lenguaje (idioma) que sólo hablan los chamanes, que sea contado implica una profanación y conlleva la pérdida de la eficacia por la revelación de lo sagrado. (3) Es lo esotérico y lo exotérico: lo que se puede decir sólo para adentro y lo que se puede decir para afuera -idea que Lacan traía cuando hablaba de sus Escritos como para no ser leídos-.

 

(palabra)

Exotérico:

 

–  indecible    (…)

Esotérico:     – secreto       (oculto)

– Abyecto     (reprimido)

(silencio)

 

“Lo indecible es lo real del lenguaje, lo que no voy a poder decir-; el secreto es lo que oculto; lo abyecto, es lo rechazado por mí, que está reprimido y si me analizo, eso puede decirse. Todo esto hace un núcleo que si lo hago existir religiosamente, es un núcleo poderosísimo e indestructible”, explicitaba Acuña. El chamán, en eso esotérico, cura con palabras por el secreto de lo oculto. Hace pensar que hay algo esotérico, que se puede decir.

 

Notas:

(1) Vayan al artículo “Los nombres de Ñande Rú. Bautismo y bendición en los Mbya”, de Enrique Acuña, en Analytica del Sur n° 1. (http://analyticadelsur.com.ar/los-nombres-de-nande-ru-bautismo-y-bendicion-en-los-mbya/)

(2) En “La confesión y el dispositivo analítico. Lo indecible y el secreto” del libro Resonancia y silencio – Psicoanálisis y otras poéticas, se encuentra la diferencia entre el secreto, lo abyecto y lo indecible, como tres niveles del silencio mítico, del misterio que nos ocupa.

(3) Del documental de E. Acuña: La sombra del jaguar: “Yo le pregunto a Dios, cual es el nombre de este niño. Y Ñande Ru me cuenta –sale del silencio y habla-, y en un tercer tiempo, ahí comprendo”. Y después se da la imposición del nombre y el alma entra el cuerpo.

Jaculatorias y balbuceos: escrituras místicas como intentos de…

Comentario de la clase del 30 de septiembre de 2017 del Seminario Las escrituras del goce femenino -Psicoanálisis y literatura-

Por Germán Schwindt

Jacques Lacan destaca en el capítulo seis del Seminario XX, Aún, con respecto a que hay en los escritos realizado por místicas y místicos, una forma de testimonio literario de la experiencia de lo inaprensible.

Con esto Enrique Acuña subraya tener presente durante las intervenciones que realizarían Mónica Francesconi y Adriana Saullo sobre la vida y las obras de Santa Teresa de Avila y San Juan de la Cruz, respectivamente: no reducir la noción de lo escrito a las obras literarias, al objeto libro y la grafía, sino notar que lo escrito también es un modo de mencionar el saldo de la experiencia de un análisis, aquello que las vueltas dichas con el lenguaje, termina en algunos casos precipitándose en significantes aislados, signos de lo más íntimo y ajeno al ser diciente respecto a su satisfacción.

Si una de las versiones más extendidas de amor es aquello que intenta unir, hacer la cópula del lenguaje en el espacio intermedio de la no proporción entre los sexos, donde el binomio de erastés y erómenos hacen al movimiento que va de poros a penia, el amor a Dios testimoniado en los escritos místicos hace Uno sin los límites que da la dialéctica falo-castración, un tipo de escrito del goce llamado femenino, Otro goce al goce fálico, aunque estuviese escrito por hombres y mujeres.

Uno y otro entonces suplen lo que separa los sexos sin recubrirlo ni anularlo, el amor con la construcción de los dos que intentan hacerse Uno donde los cuerpos hacen del soporte de la dinámica pulsional y el amor místico tendiendo a hacer Uno con el Dios por medio de un amor intelectual, hace de la experiencia del arrobamiento el culmen sensitivo –que no se priva de pasar por el dolor y el éxtasis- a la vez que produce un tipo de saber restringido en la vía del arte.

La intervención de Mónica Francesconi se extendió sobre el texto Las moradas de Santa Teresa de Avila, poniendo particular énfasis al extracto y lecturas de fragmentos seleccionados de tal obra, destacando en la sexta morada una escritura que rondando la intensa aproximación al Dios, por su asimétrica conformación no puede ser otra que tendiente a lo inacabado. Siendo la jaculatoria la expresión estilística de tal procedimiento de lenguaje y el arrobamiento la corporificación de esa experiencia última de saber, que fue posible en tanto no se detuvo en el dolor como apoyo a lo extático exclusivamente sensible.

Adriana Saullo situó detalles de la vida y la obra de San Juan de la Cruz, quien fuera no solo discípulo en la obra de los Carmelitos descalzos, sino también confesor de Santa Teresa mientras fundaciones y reformas ocupaban la vida de esta última. De la también extensa poética de San Juan de la Cruz recortó un fragmento de Coplas hechas sobre un éxtasis de harta contemplación para situar una luminosa expresión la del “saber no sabiendo” que permite crear un saber apoyado en lo inaprensible que a la vez atraviesa trascendiéndolo el naciente saber científico, ya que no es un dato menor que el momento histórico en que surge esta literatura, es cuando con las primeras luces de la razón el Dios cristiano se retira, llega a ser un mero argumento lógico, muta su lugar en la cultura del que ocupara durante el medioevo, así pues ese saber el autor lo caracteriza como balbuceo, digo sobre el silencio.

Enrique Acuña al final de las dos pormenorizadas intervenciones situó en un gráfico explicado, con los siguientes puntos, destacando que pese a ser dos escrituras femeninas no por ello se homologan por completo y anulan las diferencias, en las posiciones subjetivas de ambos:

jaculatoria

 

Bibliografía:

Lacan, Jacques. Seminario XX, Aun. Ed. Paidos. Argentina.

San Juan de la Cruz. Poesía. Cátedra. España.

Santa Teresa. Las Moradas. 13a ed. Espasa Calpe. España. Versión digital http://dfists.ua.es/~gil/las-moradas-del-castillo-interior.pdf

Religión, ciencia y psicoanálisis

Seminario “Las Escrituras del goce femenino” – Comentario de la clase del 16 septiembre 2017

Por Gabriela Terre

En la clase del 16 de septiembre de 2017 del Seminario  “Las escrituras del goce femenino” –psicoanálisis y literatura, Enrique Acuña aborda el Seminario 20 planteando el problema de la religión, dios y el goce de la mujer. De qué manera un hecho social religioso se articula, en los términos de Aristóteles a “la otra satisfacción”, donde se trata de la cuestión del goce de los místicos desde las escrituras sagradas.

En el recorrido de un análisis se produce la caída de ciertos signos de goce, quedando letras como marcas. Se trata de un corpus de signos de goce que han quedado sepultados hacia el fin dando lugar a un escrito en lo simbólico que no se confunde con la literatura. El testimonio de esos signos de goce pueden darse, en primer lugar en un escrito ideal lacaniano en el testimonio del pase o bien en la enseñanza del psicoanálisis: Cada vez que se enseña, como decía Oscar Masotta se pone en juego el sujeto dividido. Es un “explicarse a uno mismo” que se hace desde la división del sujeto.

Se incluye la participación de Guillermina Martínez a partir de las resonancias en las recientes Jornadas de la Red de Asociaciones Analíticas y Publicaciones periódicas –AAPP- el sábado 2 de septiembre. Su presentación plantea puntos de tensión en las posturas de Freud y Lacan con respecto a la Religión, uno de ellos el origen de lo religioso. Señalaba que en Lacan el planteo apunta a “El triunfo de la religión”, mientras para Freud era imposible ajustarse a los mandamientos establecidos, como consecuencia de la renuncia pulsional, por lo tanto la religión estaba destinada a desaparecer. Freud ubica al Padre en el centro de su teorización, tanto en el traslado del mito de la horda primitiva, donde sustituye al padre por Dios; en el análisis de otros mitos, como Tótem y tabú; como así también en su obra sobre Moisés.

En ese punto es donde Lacan toma distancia, porque su planteo es a la inversa: ante la introducción de los objetos tecnológicos que vienen a vaciar de sentido la vida, produciendo angustia, considera que la religión es dadora de sentido a partir de sostener un sistema de creencias compartidas.

Enrique Acuña menciona que interesa considerar que hay algo que está en la coyuntura historicista, mientras hay algo que es estructural y por lo tanto no varía. En su libro Resonancia y silencio escribe sobre el humanismo en Freud, donde lo humano, el sujeto relacionado al placer-displacer y la ciencia como una respuesta alternativa que la religión. En la ética de Aristóteles, todo acto apunta a lo universal. Las categorías del Bien, lo Bello y la Verdad son Ideales cuyo fin último es la felicidad. En cambio en Freud la felicidad está subsumida al hecho que  placer-displacer, o pulsión de vida y pulsión de muerte, son dos condiciones de posibilidad, una de otra. Es la idea del “mal” como goce, en otra satisfacción. Lacan resuelve la cuestión no tomando como punto de partida el humanismo, sino  los efectos de la ciencia: es la ciencia la que empuja a un retorno del humanismo.

clase - grafico

El inconsciente falta al saber de ese goce, rechaza saber por la experiencia paradójica de la insatisfacción. El análisis prueba en este punto la dimensión del pasaje que se produce entre la falta de goce (insatisfacción) y cierto recupero de satisfacción en el lenguaje: goce del sentido. En este punto, Lacan nos lleva al problema de los sexos, en la medida que falta el goce, el hombre y la mujer no se encuentran inmediatamente en términos de necesidad sino que requiere la invención del amor vía el fantasma.

No hay goce pero sí hay algo que se satisface en el lenguaje como aparato de goce. En ese sentido el elogio a la mujer se produce porque ella puede escribir mejor la carta de amor, en la medida que está más ligada a la falta, por ejemplo en la histeria. Es muy interesante como introduce aquí un juego de palabras, diciendo, el goce haría falta que no falte.

Lacan en el Seminario 20 menciona que hay una disimetría, en cuanto a las posiciones sexuadas. Todos se ubican en algún momento en el goce fálico, pero no todos, solamente algunos se ubican en un más allá del goce fálico, es lo femenino como goce suplementario. Plantea además, que en el goce de las místicas hay un punto que no pasa por el discurso y que se puede leer en sus escritos. Se trata de una experiencia que no necesita ser transmitida, se siente, es un sentir de la “carne que no es un cuerpo”.

Sitúa en la pág. 92 del Seminario Aún, el titulo “Dios y el goce de la mujer” que Lacan toma la referencia de Péguy… “no empleo la palabra mística como él la empleaba. La mística no es todo lo que no es la política. Es una cosa seria, y sabemos de ella por ciertas personas, mujeres en su mayoría, o capaz como San Juan de la Cruz, pues ser macho no obliga a colocarse del lado de lo fálico. Uno puede colocarse del lado del no-todo. Hay allí hombres que están tan bien como las mujeres .Son cosas que pasan. Y no por ello deja de irles bien. A pesar, no diré de su falo, sino de lo que a guisa de falo les estorba sienten, vislumbran la idea de que debe haber un goce más allá. Eso se llama un místico”.
En ese sentido es una certeza del sentir que no tiene por qué; un más allá de la palabra.

Luego dice… “Sucede como con Santa Teresa: basta ir a Roma y ver la estatua de Bernini para comprender de inmediato que goza, sin lugar a dudas ¿Y con qué goza? Está claro que el testimonio esencial de los místicos es justamente decir que lo sienten, pero que no saben nada”.

Acuña demuestra en esta lectura de Lacan el esfuerzo por escribir la no relación desde la lógica a partir de exemplum de Santa Teresa de Bernini. Es la dimensión de una imagen que captura por su dolor de ex-sitir: El místico testimonia sobre un cuerpo que está más allá de las palabras. La poética de las Jaculatorias místicas lo demuestra por un escrito, testimonio de pura verdad, fuera de lo simbólico.-

 

 

Bibliografía sugerida por E.A.

Lacan, Jacques: Seminario XX, Aun. Ed. Paidos

Lacan, Jacques: El triunfo de la religión. Paidos

Miller, J-A.: Un esfuerzo de poesía. Curso. Paidos

Acuña, E.: Resonancia y Silencio. EDULP.

De la necesidad social al sujeto del significante

Comentario de la clase del 19/8/2017 del Seminario “Las escrituras del goce femenino -psicoanálisis y literatura-” dictado por Enrique Acuña.

Por Daniela Ward

 

En una continuidad con la clase anterior, y tras el detalle de lo nuevo, Enrique Acuña el sábado 19 de agosto en su Seminario “Las escrituras del goce femenino -psicoanálisis y literatura-” en CABA retomó la Antígona de Lacan en el detalle de la función de lo bello, subrayando el pasaje posible de la fascinación primera al deseo aclarado en el límite franqueado por la heroína griega. Trae a la clase a Jurgis Batrušaitis con la escuela perspectivista y su expresión en el cuadro de Los embajadores de Holbein, donde desde una posición se advierte la presencia de un objeto que encandila -no se sabe qué es-, mientras que desde otra -cambiando el punto de vista- el objeto se aclara como el deseo en Antígona. Este cambio de perspectiva demuestra la verdad que estaba ocultando el cuadro: primero la fascinación y luego, el pan visto de costado es una calavera. Lo que Holbein quiere demostrar es que esos embajadores de Francia e Inglaterra en guerra, estaban intercambiando muertos. ¿Por qué atañe destacar este punto? Porque lo que se verifica en el fi n del análisis es si el sujeto cambió de punto de vista respecto a su objeto. El sujeto entra encandilado por su objeto, tiene síntomas por estar encandilado por la angustia. Ese objeto es la desnudez de lo real, es un signo de lo real -allí lo bello, no vela nada-. Lo que es destacado por Acuña como punto de interés a señalar en El Seminario 7, es el capítulo “Entre dos muertes” -que está en el apartado “La esencia de la tragedia”- porque allí Lacan demuestra que el brillo de Antígona funciona, es decir, la función de lo bello funciona como tal y lo que obtiene de esta obra es la idea de pulsión de muerte como irreversible, como algo que no se puede sacar del camino: no hay principio del placer, más bien es una tendencia al displacer y a eso Lacan -con Freud- lo llama pulsión de muerte. En todo el desarrollo interesa contrastar el tercer paradigma de goce en Miller que compromete el franqueamiento de esa barrera del principio del placer, para señalar en qué momento se vas más allá del placer, ya que hay una búsqueda del placer pero el hombre fracasó en ella. No hay hedonismo -aunque la época actual diga que si lo hay-.

¿Qué enseña Antígona? El problema de la excepción. A partir de la pregunta lacaniana sobre si Antígona es una lección moral o no, Acuña comenta unos pasajes de la Poética de Aristóteles que demuestran el savoir faire avec utilizado por Lacan con Joyce para hablar de su arte, que ya está en el estagirita y es la tekné. Si bien hay varias cosas a acentuar, le importa subrayar que hay seres de excepción enfatizados desde Freud en su artículo “Algunos tipos de carácter dilucidados en la labor analítica”. Detalla el ejemplo de Ricardo III de Shakespeare quien en nombre de su ser excepcional -la deformación física- somete al otro. En El Seminario 7 esta idea de excepción freudiana se presenta en la fi gura del héroe trágico, Antígona por caso, cumpliendo con las tres características esperadas para la heroína: la Hýbris -arrogancia- con la que enfrenta a Creonte desafiando la ley de la ciudad, manifestándose del lado de sus propios dioses donde el crimen tiene un valor fundamental en la marca de ese destino; la segunda es la Hamartia -el error- ya que el héroe trágico se equivoca. Lacan lo dice mejor: “Toma lo que es el mal como si fuera el bien”. Avanza más, especifica “su” bien subrayando la ética. ¿Qué quiere decir esto? Que no hay el soberano bien, no hay para todos, hay “tu” bien. Estas son las paradojas del goce para Lacan: tomar el sufrimiento como si fuera un bien. Pero el sufrimiento no vale nada, no es un bien en la ciudad, es inútil, se descarta. Sin embargo, le sirvió para algo: matarse, no matarse, es lo que hace Antígona; por último, la Até -la fatalidad- en el sentido del crimen: matarse o matar. Este es el franqueamiento de la barrera del bien y de lo bello. Es el tercer paradigma del goce.

grafico DW

Explica que si estás del lado del brillo, del bien y lo bello, hay más goce y menos deseo. Si estás un poco más allá, estás en el Até, es el deseo de transgredir, el franqueamiento de una barrera. Es en este punto que se puede hablar de deseo aclarado y allí se da la escritura del goce. El goce se realiza en la muerte o el crimen, en el más allá de la barrera del placer, es decir, la franquea. Antígona siendo una excepción a la norma es alguien que realizó su deseo -no es una histérica deseante-. El problema a esta altura del desarrollo exige plantear que ese deseo es un deseo de muerte: ella no puede matar a su hermano y se mata en nombre de su hermano.

Acuña demuestra que si bien Lacan no le da mucha importancia al tema, en términos de lo social sí la tiene. Por ejemplo, socialmente se le da mucha importancia al ritual simbólico del entierro y ese es el límite religioso del franqueamiento del deseo hacia el goce, o sea, deseo aclarado es el hímeros enargés: se atraviesan los semblantes, se produce un encuentro con lo real e implica la muerte. ¿Por qué Lacan presenta “entre dos muertes”? Porque es Antígona quien decide estar muerta en vida: “Mi alma está muerta aunque mi cuerpo esté vivo”. El “entre dos muertes” demuestra la muerte civil, ella ya no está en la ciudad, es el alma muerta antes que el cuerpo. Con la prohibición del entierro -ritual funerario- de parte de Creonte, lo que le prohíbe es el acceso al Hades -al reino de los dioses- y esta prohibición conlleva la imposibilidad que el crimen tenga ese más allá ligado a cierta realización del bien que sería religioso, o sea, el acceso a los dioses.

Los efectos del último atentado en Barcelona a partir de la escucha de un audio que circula en estos momentos, suscitan la interpretación de Acuña teniendo las coordenadas de lo necesario y lo contingente como instrumentos de teorización donde la contingencia es la respuesta de cada uno –reponse-: puede tener miedo o puede salir con lo que sería en la definición de Lacan el odio al goce del otro: el racismo quiere decir que se ataca el símbolo del otro, el goce del otro es su signo de goce. Ejemplifica con la película Holocausto sobre el tema del genocidio nazi, donde se exhibe muy bien que los nazis atacan el símbolo del judaísmo, no alcanza con matar judíos: es quemar la estrella de David o el candelabro de siete brazos. Localiza lo contingente en la respuesta que pueda haber del lado del racismo en este momento. Lo hace recordando que el islam es una religión reconocida por España porque España fue vivida por el mundo árabe imprimiendo en ese país toda una sabiduría. Atacar el rito religioso, como se escucha en el audio, evitar el ritual funerario musulmán, es apuntar a lo simbólico, es prohibir el ritual que le permitiría el acceso a las 72 vírgenes. Concluye su interpretación con la explicación acerca de que la presentificación de la pulsión de muerte en la época se da por las guerras de religiones.

Para finalizar, retomando la escritura del goce femenino, reflexiona sobre cómo se escribió el goce de la excepción en Antígona y sus repercusiones hoy, entendiendo que hay Antígonas en la actualidad. En todas las épocas hay una que hace excepción y muestra la ley del deseo como opuesta a la ley moral. La seductora fi gura de Antígona brilla y todo el mundo quiere ser excepcional, a nadie le gusta ser uno más -castración-.

La pregunta que provoca a cada uno de los presentes y se extiende como reguero para el que quiera hacerla propia es: ¿Qué diría un analista de la pulsión de muerte en la época? No sólo en el momento de las guerras de religiones actuales sino también frente a aquellos acontecimientos que comprometen lo imposible del goce, que vincula el mencionado tercer paradigma que ilustra Antígona y que parece dar lugar a explicaciones que rondan la causalidad social de la locura más que a tomar la palabra como analistas. La masa de analistas adormecidos por la música encantadora de las causas ambientales terminamos desconociendo que existe el destino, ese que no da lugar a víctimas del sistema sino más bien a pensar en consonancia con esta clase, el hecho que alguien prefi era, por ejemplo, ser la excepción porque estaba en un goce más allá del falo. Esa es la escritura del goce femenino.

 

Bibliografía:

– Sófocles: Antígona. Gredos. Madrid. 1980

– Aristóteles: Poética. Gredos. Madrid. 1989

– Freud, Sigmund: “Algunos tipos de carácter dilucidados en la labor analítica” en Obras Completas. Amorrortu. Bs. As. 1994

– Lacan, Jacques: El seminario, libro 7, La Ética del Psicoanálisis. Paidós. Bs. As. 2007

– Miller, Jacques-Alain: La experiencia de lo real en la clínica psicoanalítica.